Vacunas

Vaccines
University crisis is a crisis of culture.

No ha terminado la conmoción que produjeron las evidencias del vagabundaje en la Corte Suprema, cuando nos enteramos de que la Constitucional, esa que comenzó a legislar desde hace algunos años y a impulsar conceptos gaseosos y populistas como el del libre desarrollo de la personalidad, metió baza en el tema de las vacunas, y de obligatorias las convirtió en opcionales, siempre bajo la sombrilla del “consentimiento informado”. Si no están bien informados ellos, que se asumen como las cumbres del pensamiento bienhechor y justo, qué lo van a estar la infinidad de padres de familia que deambulan desconcertados entre las noticias escandalosas de los medios y las nefandas influencias que ejercen las redes sociales sobre las mentes desabastecidas.

Los beneficios que para la humanidad han traído las inmunizaciones han sido inmensos. Si entre el descubrimiento de la vacuna contra la viruela, que realizó Edward Jenner en 1796, y el de la vacuna antirrábica, que alcanzó Louis Pasteur, transcurrió casi un siglo, los avances en este campo a lo largo del siglo XX fueron vertiginosos y extraordinarios. La viruela está erradicada del planeta; en 1991 se diagnosticó el último paciente con poliomielitis en Colombia; salvo casos esporádicos, el sarampión está controlado, y a partir de 1987 la enfermedad invasiva por H. influenzae, en especial la meningitis, se redujo en un 99%. Son ejemplos muy dicientes de la realidad transformadora de las vacunas en las sociedades humanas.

La última arremetida de los enemigos de la inmunización comenzó teniendo como referencia un artículo fraudulento que publicó en The Lancet el doctor Andrew Wakefield en 1998, en el que vinculaba a la vacuna triple viral (MMR) con el autismo infantil, algo que nunca se demostró, por lo que la revista tuvo que rectificar años más tarde, mientras el autor era sometido al escarnio, hasta ser despojado de su título profesional. Los casos de autismo habían aumentado simplemente porque, a partir de un mayor conocimiento de su espectro clínico, se diagnosticaba con mayor holgura y precisión, no porque la vacuna tuviera alguna injerencia. De 537.303 aplicaciones en Dinamarca, en menos de 1% se relacionó con el autismo, lo cual da un riesgo relativo (RR) de 0.68, inferior a la unidad.

A raíz de los desmayos y extraños síntomas que presentaban las jovencitas de El Carmen de Bolívar días o meses después de haber sido vacunadas contra el papilomavirus humano (VPH), se encontró que dichas manifestaciones desaparecían en los días previos a la Semana Santa, los fines de semana y durante las fiestas patronales, pero que estas se incrementaron al inicio del año escolar, cuando había reuniones con las autoridades municipales, a la llegada de una etapa de la vuelta a Colombia y después de que el Consejo de Estado falló a favor una tutela impuesta por una abogada litigante en 2016. Luego de aquel episodio de histeria colectiva, la cobertura de vacunación contra el VPH se redujo en un 58%, olvidando el hecho de que en el país mueren anualmente 3000 mujeres por causa del cáncer del cuello uterino.

En conclusión: No vacunarse obligatoriamente aumenta el riesgo de adquirir enfermedades inmunoprevenibles que pueden ser letales. Los eventos adversos de las vacunas suelen ser leves y autolimitados, mientras que los efectos indeseables son bastante raros. Deberíamos tomar el ejemplo de Australia, donde les cobran más impuestos a los padres que no tengan a sus hijos vacunados antes de ingresarlos a la escuela

 

Dr. Álvaro Bustos González
Decano de la Facultad de Ciencias de la Salud
Universidad del Sinú -Elías Bechara Zainúm-
Montería, Colombia
abustos53@hotmail.com